Martes, 29 Julio 2014

Nuestra historia

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Espíritu de Atalaya

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Alas para Crecer

Los cuentos, desde la antigüedad se han usado como instrumento de conocimiento personal.

Cuando los leemos, nos ayudan amorosamente a crecer y al "darnos cuenta".

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Desde acá, un cuento diferente cada semana.

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Comunicamos que...

Atalaya de los Arcangeles
es un espacio libre,
multidisciplinario y abierto
a todo movimiento espiritual,
filosófico y religioso
que convoque a
mejorar la calidad de vida.

NOTA:
La revista “Atalaya”
que circula no tiene
ninguna vinculación
con nuestro espacio.

 

Alas para Crecer
EL SULTÁN Y EL DERVICHE

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche arapiento.
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.
El derviche contestó: Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes: dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?
La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.
- ¿Qué quieres decir?, gritó el sultán.
Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia,  dijo el derviche tranquilamente.
Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche.

Fuente: http://www.nulladiessinnemeditatione.com/

 

 
ILUMINACIÓN

Un discípulo preguntó a su Maestro: ¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?
Maestro: Tan poco, como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas. 
- Entonces, dijo el discípulo, ¿para que valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?
El Maestro respondió: Para estar seguro de que no estás dormido cuando el sol comience a salir.

 

Fuente: http://www.nulladiessinnemeditatione.com/

 
El asno y el camello

Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando.

-Al fin el asno dijo a su compañero: -¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello: Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

 
La importancia del bosque

(Paulo Coelho)

Todos los maestros dicen que el tesoro espiritual es un descubrimiento solitario.
- ¿Entonces por qué estamos juntos? -preguntó uno de los discípulos a Nasrudin, el maestro sufi.
Ustedes están juntos porque un bosque siempre es más fuerte que un árbol solitario -respondió Nasrudin-. El bosque mantiene la humedad del aire, resiste mejor a un huracán, ayuda a que el suelo sea fértil.
- Pero lo que hace fuerte a un árbol es su raíz. Y la raíz de una planta no puede ayudar a otra planta a crecer
, dijo el discípulo.
Estar juntos en un mismo propósito, es dejar que cada uno crezca a su manera; éste es el camino de los que desean comulgar con Dios, concluyó Nasrudin.

 

 
EL PERRO Y SU OBSTÁCULO

Le preguntaron a un  sabio: ¿quién te guió en el camino?

El sabio contestó: Un perro. Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro. Finalmente, fue tal su necesidad que, venciendo su miedo se arrojó al agua, y entonces "el otro perro" se esfumó.
El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido.
De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que "mi yo" era ese obstáculo. Fue la conducta de un perro la que me señaló por primera vez el Camino.

 
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